miércoles, 8 de julio de 2009

INTROMISION EXTRANJERA EN HONDURAS.

Honduras, un tema relevante.
Señor Director:

INTROMISION EXTRANJERA EN HONDURAS.

La forma disparatada de intromisión ejercida por la Organización de Estados Americanos, como también por algunos gobiernos principalmente latinos, en la situación político social que afecta al pueblo hondureño, dista mucho de la prudencia que aconseja la diplomacia, de ahí la reacción que han tenido las nuevas autoridades, por lo demás legítimas, del país.

Un análisis real de lo acontecido en Honduras durante el régimen del ex Presidente Zelaya, nos permite vislumbrar como algunos personeros americanos pretenden esconder tras el biombo de la “democracia”, la realidad de sus intenciones, que se pasean desde el socialismo seudo renovado hasta el totalitarismo absoluto.

La Democracia es una forma de organización de grupos de personas, de gobierno y de organización de los Estados, donde la toma de decisiones responde a la voluntad colectiva mediante mecanismos de participación, los que confieren legitimidad a los representantes. En sentido amplio, es una forma de convivencia social que otorga libertad ante la ley a los habitantes y establece mecanismos, que regulan las relaciones sociales amparados estos en la legalidad vigente y en la Institucionalidad de los países.

Muchas pueden ser las bondades que ofrece la Democracia, pero no hay que perder de vista que ella permanentemente es vulnerable al daño intencional o no, de la “mano del hombre”, razón más que suficiente para que necesariamente deba ser provista de adecuados mecanismos de control, los cuales se deben enmarcar en la Institucionalidad de los Estados.

Los sistemas desarrollados, van desde el control vertical democrático que se realiza por medio de elecciones periódicas, hasta los accountability horizontal impulsados por O’Donnell para las “poliarquías” o democracias modernas, los que establecen el impeachment o “juicios políticos”.

Pero sea cual sea el mecanismo que cada nación adopte, este debe ser regulado por su propia orgánica constitucional, Carta Magna que un día fue aprobada democráticamente por su pueblo.

Cabe aquí tocar algunas presencias contemporáneas especialmente de nuestro continente, donde naciones libres fueron sometidas a sistemas ajenos a la aspiración ciudadana. Castro usó la vía armada para someter e implantar el comunismo en Cuba, sin que la institucionalidad del país pudiera auto defenderse, razón por la que fue absolutamente destruida y reemplazada por un sistema totalitario. Mas tarde Allende intentaba lo mismo vía elecciones y violencia armada en Chile, pero a diferencia de Cuba en éste caso actuaron los “mecanismos de control” (Cámara de Diputados y Corte Suprema de Justicia), que advirtieron la ilegalidad e inconstitucionalidad de los procedimientos, generándose así el Pronunciamiento Militar que evitó la instauración del comunismo.

El caso chileno fue de los primeros que desmoronaba la intentona totalitaria en el mundo, luego vendrían muchos más hasta la caída del Muro de Berlín 20 años más tarde.

Derrotado así el marxismo en el mundo, más por sus propias y utópicas falencias que por otras causas, los nuevos regímenes izquierdistas sin el amparo y apoyo de la URSS, se enfrentan a dos grandes dificultades. La principal es la institucionalidad de los países, la que indudablemente los incomoda. Y luego está la propia democracia, que aunque la usan como vía para obtener el poder, sus mecanismos de control les coartan la acción absoluta.

Ante este panorama la maquinaria totalitaria se innova para acceder a los nuevos tiempos (o contratiempos), e incursiona con una peligrosa astucia… primero usan la democracia para llegar al poder, aplican la lucha de clases a la usanza antigua y buscan artificios para modificar a su antojo la institucionalidad prolongando así su régimen. Para nadie es un secreto que la intención final es el totalitarismo marxista.

El mejor ejemplo de esta nueva andanada es el régimen impuesto por Chávez en Venezuela, que al igual que el cubano lo llama “revolución”, pero apellidada “bolivariana”. Aunque tras la dialéctica se esconde el mismo fin y con un peligroso sigma expansionista hacia centro y Sudamérica, con la reciprocidad de la guerrilla colombiana y otros renacientes grupos terroristas. En Nicaragua se observa algo similar con Ortega y en Bolivia con Morales, por nombrar algunos.

En el caso hondureño tan bullado en estos días, la estrategia impuesta por el ex Presidente Zelaya fue la misma, primero llegar al gobierno vía elecciones y luego con el poder en la mano, usar artificios impropios para disminuir la institucionalidad reformando la constitución y debilitar la acción de los otros poderes del estado. Esto fue detectado a tiempo y sofocado por los mecanismos de control del país (en este caso la Corte Suprema de Justicia y el Parlamento Nacional). La Corte Suprema de Justicia advirtió la inconstitucionalidad de los actos del ex Presidente y el Congreso Nacional señaló en varias oportunidades que sus pretensiones violaban la Constitución de la República.

El desarrollo de los acontecimientos es conocido por todos, Zelaya llevó las cosas a extremos absolutamente distantes de lo institucionalmente permitido, y obligó a las autoridades Judiciales y Legislativas a adoptar las medidas que la propia Constitución Política establece.

La actitud que muestra hoy el ex presidente de hacer uso y abuso de las cámaras y micrófonos, que seudo demócratas ponen a su disposición para que ataque arteramente a su propio pueblo y a la institucionalidad hondureña, no hace más que mostrar la verdad de su persona, un hombre resentido ante el fracaso de sus claras y retrogradas intenciones totalitarias.

Pero muy al margen de esa necia actitud existe una realidad que hay que saber respetar… el Pueblo de Honduras a través de los poderes del Estado ya tomó una decisión clara e indeclinable: ¡Honduras tiene un gobierno designado en el marco de su propia constitución!, el que ejercerá el poder hasta la fecha en que correspondan los comicios presidenciales… Guste o no guste a muchos.

La reacción internacional frente a la destitución de Zelaya es anacrónica, especialmente en Latinoamérica donde muchos gobiernos condenaron el hecho como un “atentado” a la democracia, pero sin comentar la conducta ilegal del ex mandatario, ni el derecho que la Constitución otorga a Honduras como nación soberana para resolver sus problemas. Lo más risible fue la reacción execrable de Chávez que incluyó de todo, hasta jocosas amenazas de invasión.

De todas maneras y para dolor de muchos esto se limitó al ámbito latinoamericano, Estados Unidos dio un escueto comunicado defendiendo la “democracia” pero sin profundizar en el tema y el resto del mundo… bien gracias.

Fue vergonzosa la actitud del Secretario General de la OEA, el socialista chileno Insulza, quien se apersonó en Tegucigalpa para exigir la restitución de Zelaya al poder, desconociendo la autoridad del Presidente nombrado ¡Constitucionalmente!.

También resultó poco agraciada la actitud de algunos mandatarios latinoamericanos que se ofrecían, al más puro estilo de las cruzadas, para acompañar a Zelaya a Honduras a recuperar el poder, entre ellos la Presidenta argentina, recién derrotada en las elecciones parlamentarias de su país.

Y no podían faltar los organismos de los derechos humanos que acusan al nuevo gobierno hondureño de actuar con “violenta represión”, mientras las imágenes de la prensa sensacionalista mostraban disturbios similares o muy menores a los que se ven en Chile cotidianamente entre las fuerzas publicas manejadas por el gobierno en contra de los “pingüinos”, los profesores, deudores habitacionales, etc.

Sería de buen juicio que las autoridades de la OEA y gobiernos americanos que tanto apoyo dan a Zelaya, pusieran algo de atención a la realidad de lo ocurrido, a lo informado por la Corte Suprema de Justicia y el Parlamento hondureños, a lo declarado por la Conferencia Episcopal con la firma de sus once Obispos, y al clamor del pueblo hondureño, el verdadero pueblo que es la inmensa mayoría, la gente de trabajo que necesita tranquilidad para enfrentar la vida y mantener a sus familias.

ALEJANDRO RUSSELL O’KUINGHTTONSS