martes, 11 de septiembre de 2007

11-09-2007, Muy buena correspondencia.

Señor Director:
Chile es el único País del Mundo donde se homenajea a un ex presidente que fué declarado fuera de la ley, por la Corte Suprema, por el Congreso Pleno y además por la población que pidieron a gritos a las fuerzas armadas para que se tomara el poder y tranquilizara el País.
Gonzalo Navarrete Suárez.

Señor Director:
Está de moda que los periodistas se crean superiores a todos. Para referirse a nuestro DT nacional les da por motejarlo de " El Loco", para referirse a los presidentes como "La Bachelet", al general Pinochet como " Pinochet", " el Dictador", etc. Me parece que quienes educan a estos profesionales deberían indicarles como primera obligación el respeto por las personas, especialmente aquellas que tienen altos grados de autoridad. Insistiendo en lo de nuestro DT ¿de donde sacaron ese alias y porqué lo usan si este señor sólo ha demostrado seriedad y dedicación? Es un abuso de la posición especial que tienen para difundir noticias, pero creo que deberían ser castigados con el repudio a esas actitudes.
Guillermo Díaz.

Señor Director:
"¿Por qué a la izquierda le cuesta tanto reconocer esa responsabilidad de la que Ud. habla?".
"Porque es más fácil ponerse en el papel de víctima. Claro, ganaron los otros. Hubo una dureza espantosa. Mi madre estuvo en Villa Grimaldi. Pero la verdad es que nosotros éramos extremadamente violentos y nuestro objetivo era la dictadura del proletariado. No teníamos nada que ver con la democracia. La detestábamos y había que destruirla porque era la democracia burguesa. Y bueno, viene el golpe y viene el desbande. Fue un período muy caótico".
Esas declaraciones recientes de Mauricio Rojas, mirista en 1973 y hoy parlamentario sueco, debieran incluirse en los textos de estudio de Historia de Chile.
Ayudarían a entender a las nuevas generaciones la violencia de antes, durante y después de 1973.
José Luís Hernández V.


Señor Director:
Más de un millón de chilenos gana menos del sueldo mínimo. No cabe duda, el mercado manda, lo demás es palabrería y política de segunda. Peor aún, las leyes que “protegen a la clase trabajadora” en el mediano y largo plazo sólo la perjudican. ¿Por qué? Porque incentivan la no contratación y rigidizan el mercado laboral, tan simple como eso. Resultado; desempleo crónico permanente, falta de oportunidades, clara restricción a la libertad de las personas, pobreza, delincuencia, suma y sigue. En una palabra, todos perdemos, Chile pierde. Qué más evidente que el crecimiento que muestra nuestro país, que con un cobre por las nubes sólo logra empinarse a un mediocre 5%.

¿Recuerdan los chilenos que hasta hace una década crecíamos al 7% u 8% con un precio del cobre en torno a 80 centavos de dólar la libra? ¿Qué explica el mediocre crecimiento actual? Solo una cosa, las malas políticas de gobierno y en particular las laborales. Con libertad para emprender y para trabajar, sin las trabas legales actuales, con los incentivos puestos donde corresponden, poniendo zanahorias y no garrotes, todos los chilenos tendrían trabajo y no estaríamos lamentando sueldos paupérrimos, más aún, todos ganaríamos más y tendríamos muchas más oportunidades que las actuales. No existe mejor camino para hacer de una nación un país grande, desarrollado y próspero que la libertad de trabajo y la libertad de emprender, conceptos tan ajenos y distantes de las políticas actuales.

Carlos Miller M., Ingeniero Civil Industrial.

Circula en Internet y vale la pena leerlo analíticamente:

Mi querido jóven oficial o suboficial:

Ves mi cara aparecer en los diarios como un delincuente. Bajo grandes titulares.
Me ves esposado y flanqueado por policías. Humillado. Es más, para Chile y quizás para ti - en el revuelo - , soy un delincuente. Me ves, ya no con la prestancia de antaño. Quizás mal vestido. Me ves camino a la cárcel. Por años o eternamente.

Hace años tú no habías nacido, quizás, tu padre era un niño cuando este país agonizaba. Y yo, era un muchacho igual que tú. Hacía instrucción en el patio de mi regimiento, como lo hiciste hoy día. Vibraba en el Casino como lo haces en las fechas importantes. Pololeaba, estaba de novio o ya era flamante esposo con hijos, tal como lo eres actualmente. Estuve en cursos en mi Escuela del Arma, y me quemé las pestañas para lograr ser un oficial de estado mayor o llegar a ser un Suboficial del Ejército. Lucí con orgullo mis presillas de general, coronel o suboficial.

Muchacho, no te vayas, no te quiero aburrir, sólo escúchame por un momento.

No soy un asesino. No me veas como un delincuente. Me quieren hacer aparecer así.

En 1973, este país agonizaba – quizás la Historia ya la conoces – y a mí me llamaron. Estaba haciendo instrucción. Chilenos que ahora no se acuerdan, fueron a golpear las puertas de mi cuartel para que actuara contra un gobierno que había caído en la ilegalidad y llevaba al país a un despeñadero. Nos pedían implacable "mano dura". Curiosamente, los "Viejos de Mierda", como le llamaron a la institución del Poder Judicial en el Gobierno de Allende, son los mismos que hoy me juzgan y me están enviando a la cárcel. Y los que nos golpearon la puerta de nuestros regimientos y después fueron ministros, alcaldes y jefes de servicios, o convertidos en parlamentarios, prósperos empresarios o renombrados políticos, nos desprecian y no saben nada, no escucharon nada y no vieron nada.

Pero eso ya es historia. No me importan aquellos. Me importas tú solamente. Lo que pienses tú.

Me importas porque somos soldados. Hasta la muerte. Tú de uniforme, yo de civil. Es más, estoy ligado ese uniforme por vida, porque mi hijo lo lleva y sufre en silencio por su padre prisionero.

Que te quede claro hijo mío, nunca quise hacer daño a ningún chileno y si alguien cayó, fue en el fragor de la lucha. Todos morimos. Y murieron los valientes de ambos lados, no los dirigentes que saltaron a los patios de las embajadas y que empujaron a aquellos a morir por ellos.

Veo que tienes una linda señora y dos niños como los tuve yo. Cuídalos mucho y piensa en ellos en cada una de tus actuaciones. Hace años luché por los chilenos y hoy condenado, ninguno de esos chilenos cuidará de los míos.
No se te olvide jamás: "El hombre se acuerda de Dios y del Soldado ante el peligro y no antes. Cuando el peligro ha pasado Dios es olvidado y el Soldado despreciado".

Te repito, no soy un delincuente. Soy un suboficial, un general, un coronel.

Ojala, algún día, cuando se abra la puerta de mi prisión, cumplida ya mi condena o porque entendimos que hay que mirar hacia adelante y mirarnos como hermanos, tú con otro grado y yo más viejo que ahora, podamos fundirnos en un fuerte abrazo.
Y si muero en prisión, una corta oración será el mejor responso.

Te besa como un padre, un viejo soldado

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